'Mujeres en la Historia': la princesa de Éboli y los 450 años de la villa ducal de Pastrana

De fuerte carácter, poderosa, inquieta y misteriosa, se rebeló contra una viudedad temprana para convertirse en uno de los personajes más relevantes de la corte de Felipe II

por Daniel Arveras /


Cualquier ocasión es buena para visitar la bella localidad de Pastrana, ubicada en las profundidades de la Alcarria, a tan sólo una hora y pico de Madrid, en la provincia de Guadalajara. Su calles, plazas, colegiata, conventos, palacio ducal… atesoran historia por los cuatro costados y es célebre por haber sido lugar de cautiverio en sus últimos años de la siempre enigmática princesa de Éboli y duquesa de Pastrana, doña Ana de Mendoza y de la Cerda (1540-1592).

Pastrana (Daniel Arveras)

Salida de misa de la colegiata y desfile histórico hacia la plaza de la Hora (Daniel Arveras).

Todos los veranos -desde hace ya 18 años- allí se celebra el Festival Ducal, jornadas en las que los vecinos consiguen con su entusiasta participación y buen hacer, que Pastrana retorne a sus años de mayor esplendor (siglos XVI y XVII), a raíz de que los primeros duques de Pastrana adquirieran esta villa y la convirtieran en cabeza de sus señoríos. Sus rincones más bellos se visten con banderas, estandartes y colgaduras; hay música y bailes barrocos; teatro; mercado renacentista; paseos y desfiles históricos; visitas teatralizadas al palacio ducal… y todo un sinfín de actividades para grandes y pequeños en las que todo el pueblo participa, vistiéndose con ropajes de la época elaborados con sumo cariño y esmero por ellos para representar a sus vecinos más ilustres, así como diferentes hechos que aquí tuvieron lugar.

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Ruy Gómez de Silva –esposo de doña Ana de Mendoza y de la Cerda, secretario de Felipe II, príncipe de Éboli y personaje de gran poder en la Corte- compró esta villa en 1569, hace ahora 450 años. Por eso, esta próxima edición del Festival Ducal de Pastrana que tendrá lugar del 18 al 21 de julio tiene un carácter muy especial para los pastraneros, que se disponen a vivir con gran júbilo esta especial conmemoración. Si siempre es un placer visitar Pastrana, les recomiendo que se den una vuelta uno de esos días por allí.

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Fue a partir de ese momento crucial, año 1569, cuando Pastrana vivió una época de gran pujanza económica y cultural gracias al impulso de sus primeros duques, quienes con diversas iniciativas quisieron realzar la “capital” de su territorio ducal convirtiéndola en una pujante villa renacentista. Así, consiguieron atraer a maestros flamencos y a moriscos expulsados de las Alpujarras para dotar a la villa de una importante industria sedera que producía y comercializaba sus productos con notable éxito. Además, bajo su patronazgo, la iglesia parroquial pasó a convertirse en colegiata por bula papal y se fundaron dos conventos, uno de monjas y otro de monjes. Precisamente, referido a este último aspecto entra en escena otra de las protagonistas fundamentales de la historia de Pastrana.

Princesa de Éboli

El autor junto a la princesa de Éboli y duquesa de Pastrana (Daniel Arveras).

Ruy Goméz de Silva hizo llamar a Teresa de Jesús –futura Santa Teresa- para la fundación de los dos citados conventos, el de san Pedro y el de san José. La religiosa se alojó un tiempo en el palacio ducal y todavía sus paredes rezuman el eco de las fuertes discusiones entre la futura santa y la princesa de Éboli, pues todo apunta a que ambas mujeres no se acababan de entender del todo bien.

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El primero de los conventos era para monjes de la orden de Carmelitas Descalzos recién refundada por la religiosa. Construido extramuros, apenas contaba con unas sencillas ermitas, que dieron paso en el siglo XVII al conjunto conventual que podemos contemplar hoy en día gracias al apoyo de los nobles y vecinos.

El de san José, destinado a monjas, fue donde ingresó súbitamente la princesa de Éboli tras quedar viuda en 1573. Ello motivó no pocas quejas de las religiosas por su carácter y maneras, produciéndose incluso el abandono de las carmelitas de este lugar y que la polémica llegara a oídos de la Corte. Tuvo que ser Felipe II quien conminara a la duquesa de Pastrana para que volviera a hacerse cargo de su casa, hijos y hacienda. Así, el convento realmente se configuró a partir de 1574 con el apoyo de la ya viuda princesa de Éboli y duquesa de Pastrana, sustituyendo a las carmelitas por concepcionistas franciscanas.

A partir de entonces es cuando esta bella, tuerta y enigmática mujer cobra su mayor protagonismo en el entorno cortesano de Madrid. Pasa allí largas temporadas en su residencia de la calle Bailén, muy cercana al palacio real, y participa activamente en asuntos de enjundia para el imperio español, tratando de influir y tomando partido en diversos aspectos de política nacional e internacional. 

Fuente de los cuatro caños (Daniel Arveras)

La fuente de los cuatro caños, uno de los mágicos rincones de Pastrana (Daniel Arveras). 

La leyenda negra sobre esta mujer todo lo envuelve y se han exagerado quizás algunos hechos no probados del todo pero su pública amistad –quizás algo más- con Antonio Pérez, secretario del monarca, y con el propio rey Felipe II –quizás algo más- hicieron de ella una pieza codiciada, admirada y también temida en el enorme ajedrez del poder de aquellos tiempos en aquella España imperial. Una mujer poderosa por sus influencias en la Corte y que recibía en su casa a importantes personajes de la época.

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La conspiración y asesinato de Juan de Escobedo, secretario de don Juan de Austria en 1578, hizo que cayera en desgracia definitivamente al acusarse de este crimen a su entorno más cercano, entre ellos a su íntimo amigo, el ínclito Antonio Pérez. Ella también pagaría su supuesta participación directa o indirecta en aquella conspiración o conjura y Felipe II decidió encerrarla durante más de una década en su palacio ducal de Pastrana, de donde nunca más saldría.

Lo primero pues que deben hacer si visitan Pastrana es contemplar la bella fachada renacentista del palacio Ducal en la plaza de la Hora, llamada así porque a la duquesa sólo le era permitido asomarse durante 60 minutos al día a dicha plaza donde la vida seguía para sus vecinos. Se conserva el balcón enrejado donde aparecía la desdichada y noble viuda para ver y ser vista. Además, en su interior ampliamente reformado, todavía podrán admirar parte de su artesonado original y algunas paredes con la cerámica original.

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Otra visita imprescindible es a la colegiata de Nuestra Señora de la Asunción, sobre todo por el excelente museo de tapices que atesora. Una colección asombrosa del siglo XV, de confección flamenca y estilo gótico, que muestra las principales batallas y triunfos de Alfonso V de Portugal. En la cripta se encuentra el panteón que acoge los restos de los duques de Pastrana, del Infantado y de muchos miembros del poderoso linaje de los Mendoza.

Pero Pastrana es mucho más, es patearla con calma al atardecer, apreciando cada rincón y plazuela evocadoras de mil historias. Su antigua sinagoga, la fuente de los cuatro caños, la casa de la Inquisición, la casa del Deán… en fin, descúbranlo ustedes mismos, no se arrepentirán.

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Ana de Mendoza y de la Cerda, princesa de Éboli y duquesa de Pastrana murió entre los muros de su palacio en 1592, implorando perdón y manteniendo siempre su inocencia. Su figura quedaría para siempre unida a esta villa castellana en la que cada año la recuerdan con cariño y orgullo sus vecinos del siglo XXI. 

Ella fue una mujer regia, de fuerte carácter, poderosa, inquieta y misteriosa que se rebeló contra una viudedad temprana y una vida monótona de recogimiento. Así, tomó las riendas de su destino, participando activamente en la vida política de entonces y tratando de influir en los más altos asuntos de estado en virtud de su poderoso magnetismo en aquél entorno cortesano. Un papel que, sin duda, no muchas damas de su condición osaban desempeñar y que acabó desembocando en unos últimos años de triste soledad y encierro en su palacio ducal pastranero.

Los mejores años de Pastrana comenzaron hace 450 años, en 1569… 

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.