'Reinas de España': María Cristina de Habsburgo, la austeridad de 'Doña Virtudes'

Convertida en regente tras la muerte de Alfonso XII, la suya fue una corte austera, de poco festín, que giraba en torno a los caprichos del joven Rey

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


María Cristina llegó a la corte con poca seguridad. Su marido, Alfonso XII, todavía lloraba a su amada Mercedes. Ella no contaba con la belleza de su antecesora. Pero la corona española necesitaba un heredero y esta archiduquesa austriaca, de rasgos típicamente Habsburgo aunque estilizado talle, era la elegida para volver a desposar al Rey. Los españoles confiaban poco en esta extranjera, no por escasa experiencia en Reinas importadas, sino por el rumor de que se trataba de algo parecido a una monja al ostentar el título de 'Abadesa de Damas Nobles de Praga', distinción concedida a las mujeres de la Familia Imperial austriaca. 

Retrato María Cristina de Habsburgo

María Cristina poseía unos rasgos típicamente Habsburgo, aunque estilizado talle (Cordon Press). 

La boda real, en 1879, estuvo rodeada de grandes fastos e incluso se anunciaron polvos de arroz para cutis “dedicados a la reina”. Eran los días de la Restauración y de la Constitución de 1876 –la más duradera en la azarosa historia liberal española- en un país que despertaba al embate del movimiento obrero y los regionalismos. Pero María Cristina no fue capaz de librarse de los amoríos de un esposo que se pavoneaba en público con la cantante lírica Elena Sanz, una diva de la ópera vinculada a la Scala de Milán y la Ópera de Viena. 

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Pese a ello, el matrimonio tuvo dos hijas Mercedes y María Teresa y, al poco de conocerse un nuevo embarazo de la Reina, los achaques tuberculosos de Alfonso XII terminaban con la vida del Rey. Tenía 27 años y moría en El Pardo. Las ceremonias fúnebres contribuyeron a difundir un sentimiento de piedad por la joven viuda, madre de dos niñas pequeñas que debía encargarse de unas tareas de gobierno para las que, algunos, pensaban que no estaba preparada. 

María Cristina jura la Constitución

María Cristina jura la Constitución (Francisco Jover y Casanova / Gtresonline). 

Se equivocaban. Era el 24 de noviembre de 1885, y Cánovas del Castillo y Práxades Mateo Sagasta, líderes del Partido Conservador y del Partido Liberal respectivamente, acordaban apoyar la Regencia de doña María Cristina de Habsburgo para garantizar la continuidad de la Monarquía ante la difícil situación creada con la prematura muerte de Alfonso XII. Este pacto -conocido como “Pacto del Pardo” aunque jamás firmado- aprobó el turno de gobierno entre ambas formaciones, aunque estaba ya implícito desde el año 1881, fecha en la que Sagasta asumió el poder por primera vez.

María Cristina llegaba al poder “por azar” a la espera de su nuevo bebé. Un hijo póstumo de Alfonso XII que nacería como Alfonso XIII. Desde entonces y durante dieciochos años, ejerció como Regente en nombre de su hijo. María Cristina se ajustó perfectamente al patrón de madre y esposa burguesa: amorosa con sus hijos, discreta y piadosa. Ferviente católica, mostró siempre una moral intachable, algo poco común en la libertina Corte española que aún recordaba los devaneos amorosos de su suegra, Isabel II. La suya fue una corte austera, de poco festín, que giraba en torno a los caprichos del joven Rey.  

María Cristina con Alfonso XIII

María Cristina de Habrsburgo junto con su hijo, Alfonso XIII, en un grbado de 1898 (Gtresonline). 

Reina prudente, Crista –como era conocida en palacio por sus cuñadas- ejerció con habilidad el poder moderador que le confería la Constitución. Durante su Regencia se aprobó el sufragio universal y España se vendió con éxito gracias a grandes celebraciones como la Exposición Universal de Barcelona o los actos del IV Centenario del Descubrimiento de América que se desarrollaron en Sevilla. Incansable viajera, ordenó la construcción del palacio de Miramar en San Sebastián y extendió la imagen de una familia real que disfrutaba ya del ocio en verano. María Cristina contribuyó a consolidar la Monarquía. Pero en estos años, España también tuvo que hacer frente a las primeras muestras de violencia anarquista –la famosa bomba del Teatro Liceo de Barcelona- y a la pérdida de las colonias. Tras la derrota de Cávite, España decía adiós a Cuba y su imperio colonial. Era la hora del “desastre” y la crisis de fin de siglo.

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En 1902, Alfonso XIII cumplía dieciocho años. María Cristina pasaba a convertirse en la Reina madre. El sistema político del turnismo y la monarquía parlamentaria se resquebrajaba lastrada por el caciquismo, la violencia social y la Guerra de Marruecos. María Cristina siguió en palacio, ahora como madre y abuela, aconsejando a su hijo en las tareas de gobierno. Nunca congenió con su nuera, Victoria Eugenia de Battemberg. Sin embargo, su papel en la vida española fue siempre principal. Recomendó a Alfonso XIII que no acatase la Dictadura de Primo de Rivera. No la escuchó. Fallecía en Madrid en 1928. Fue sin duda, un personaje para la Historia.