Cantos gregorianos, hábitos monacales y teas de cera guían la Buena Muerte en Zamora

La procesión, de cuidada estética medieval, es una de las de mayor belleza plástica de la Semana Santa zamorana, que está declarada de interés turístico internacional y Bien de Interés Cultural

por EFE /


Los cantos gregorianos del coro de la hermandad, los hábitos monacales de los cofrades y la iluminación del desfile en medio de la noche con las teas de cera y parafina de los penitentes han guiado el recorrido de la Hermandad Penitencial del Cristo de la Buena Muerte en Zamora la madrugada de este martes. La procesión, de cuidada estética medieval, es una de las de mayor belleza plástica de la Semana Santa zamorana, que está declarada de interés turístico internacional y Bien de Interés Cultural.

Cantos gregorianos, hábitos monacales y teas de cera guían la Buena Muerte en Zamora

Cantos gregorianos, hábitos monacales y teas de cera guían la Buena Muerte en Zamora (EFE). 

A media noche del lunes al martes, el desfile ha partido de la iglesia románica de San Vicente para configurar a su paso por el casco antiguo de la ciudad una atmósfera de recogimiento y sobriedad acentuada en lugares como la calle Balborraz, la cuesta de San Cipriano o el arco de Doña Urraca.

Al ambiente que retrotrae a siglos pasados han contribuido el silencio guardado por cofrades y público al paso de la procesión, la rústica iluminación de las teas y un recorrido por calles angostas y empedradas que transcurre en parte junto a la muralla medieval y algunos de los templos románicos más emblemáticos de Zamora.

La vestimenta de los 470 nazarenos que conforman actualmente la hermandad también está pensada para dotar de austeridad el cortejo que acompaña el Cristo de la Buena Muerte, con las túnicas y cogullas de estameña blanca, los crucifijos al cuello, las fajas de arpillera y las sandalias franciscanas que llevan por calzado.

Decenas de cofrades han optado incluso por prescindir de éstas y hacer el recorrido descalzos en señal de penitencia, una práctica popularizada en la Semana Santa zamorana, especialmente en las procesiones nocturnas. La única talla del desfile, la que da nombre a la cofradía, es del siglo XVI y de autoría no suficientemente probada, aunque atribuida a la gubia de Juan Ruiz de Zumeta o de Gaspar Becerra.

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Ese crucificado de 1,90 metros de alto por 1,75 de brazo a brazo, tiene la particularidad de prescindir de mesa procesional en el desfile y ser llevado con una inclinación de 35 grados por ocho cofrades. Uno de los momentos más emotivos de la procesión ha tenido lugar al pie de la iglesia de Santa Lucía, donde los penitentes se han colocado alrededor de la plaza para, en el centro, situarse el Cristo de la Buena Muerte.

Junto a él un coro integrado por quince hermanos ha entonado, a tres voces y en latín, el "Jerusalem, Jerusalem". En este desfile se han cumplido 35 años desde la introducción de ese canto gregoriano del compositor Miguel Manzano que se ha convertido en una seña de identidad de la procesión.

La hermandad penitencial del Cristo de la Buena Muerte se fundó en el año 1974, desfiló por primera vez al año siguiente y hasta el pasado verano tenía restringido el acceso a mujeres, veto que se levantó por prescripción del Obispado. Pese a ello, la lista de espera hace que, si sigue al ritmo actual el número de altas y bajas, las primeras mujeres apuntadas tengan que esperar cerca de veinte años para poder desfilar por primera vez.