El voluntariado, una asignatura aún pendiente en la educación española

Se trata de una experiencia muy desconocida para los estudiantes y que puede ayudarles a desarrollar competencias, así como una apertura al mundo para viajar y trabajar con personas que están en peores circunstancias

por EFE /


El voluntariado es "una escuela de ciudadanía y de aprender a vivir con otros", pero sigue siendo una asignatura pendiente de la educación en España, a diferencia de otros países en los que "supone un reconocimiento social y laboral". Así lo han manifestado a Efe varios expertos en la materia, que han recordado que el voluntariado es algo "muy desconocido todavía para los estudiantes españoles", ya que el perfil del voluntario en España (tareas que realiza el 6,2 % de la población) es el de una mujer de entre 26 y 34 años, según la Plataforma Estatal del Voluntariado.

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Solo el 6,2 por ciento de la población hace voluntariado  (EFE).

Y eso, a pesar de que el voluntariado "nos hace desarrollar competencias, supone una apertura al mundo en el caso de que implique viajar y trabajar con personas que están en peores circunstancias y produce una recompensa moral y no monetaria por el hecho de recibir mucho más de lo que se da". Así describe los efectos del voluntariado Guillermo Fouce, integrante de Psicólogos sin Fronteras, que considera que entre los 13 y los 17 años, período de "definición de la persona y en la que se empieza a decidir quien eres y hacía dónde quieres ir", las experiencias de voluntariado "sirven para colocarte, encontrar una vocación y un camino".

Fouce cree que no es una actividad muy desarrollada en España porque "somos un país que llegó tarde a la democracia y ha tenido menos hábitos cívicos" y recuerda con pesar el fracaso del intento de introducir la materia de Educación para la Ciudadanía en las aulas. Aunque aplaude que las empresas cada vez tengan más en cuenta criterios de responsabilidad social corporativa, lamenta que se limiten a "copiar modelos de otros países" y apuesta "por cambiar nuestra concepción de por qué y para qué sirve esto".

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El experto educativo y autor del libro "Heducación se escribe sin hache", Ángel Santamaría, defiende la necesidad de que las tareas de voluntariado "tengan más reconocimiento social o laboral", como ocurre en países europeos o Estados Unidos, donde repercute en la carrera profesional de la persona.

Destaca Santamaría la importancia de que los jóvenes "abran los ojos a una realidad fuera de los algodones en los que normalmente se encuentran para descubrir que existen otros mundos", pero incide en que para ello "tampoco hace falta irse fuera, ya que con solo recorrer determinados barrios marginales de España se pueden encontrar". Agustín Barroso, un estudiante de Bellas Artes ha experimentado los cambios que produce un voluntariado, ya que regresó este verano de Nepal con una nueva vocación: quería dedicarse a la educación "por lo que había visto y la importancia que tiene".

Rellena ya los formularios para dar un giro a su educación y matricularse en "doble grado de magisterio de primaria e infantil", tras su experiencia de tres semanas dando apoyo escolar en un orfanato del país asiático.

"Tenemos asimiladas imágenes como algo muy documental, pero cuando llegas allí te das cuenta de qué es una realidad que existe y es muy difícil volver a ser la misma persona", asegura Barroso, que cree que en la escuela se deberían enseñar valores "como compañerismo, familia o saber compartir". Barroso viajó a Nepal con la ONG AIPC Pandora, que desde hace 16 años, organiza el programa "Verano Internacional Solidario" dirigido a "paliar la falta de preparación de los jóvenes para afrontar el volátil y globalizado mercado laboral actual", entre otros motivos.

De ello la fundadora de la ONG, Ana Echevarri, responsabiliza en gran parte a los "laxos" sistemas educativos de los 80 y 90 y a que las familias y la sociedad, al salir de una dictadura de 40 años, "no trabajaron los deberes sino solo los derechos que se adquirieron con la democracia", sin trabajar el concepto de "ciudadanía y participación". Y subraya que el "peso del catolicismo y su caridad" no se sustituyó por solidaridad, un valor que su ONG intenta que los estudiantes puedan conocer entre los 13 y los 17 años, una edad en la que "su impacto en la personalidad del joven es determinante".