Las pruebas científicas desmienten al asesino confeso de Laura Luelmo y evidencian su crueldad

Bernardo Montoya ha dado hasta tres versiones distintas de lo ocurrido: desde exculparse hasta hacer creer que se trató de un crimen casi accidental

por Tu otro diario /


Bernardo Montoya, el asesino confeso de la joven profesora zamorana Laura Luelmo en El Campillo (Huelva) el pasado mes de diciembre, ha dado ya hasta tres versiones del crimen, todas con evidentes contradicciones y todas con el ánimo de minimizar su culpabilidad. Sin embargo, las evidencias científicas que obran en poder del juzgado que instruye el caso, a las que ha tenido acceso el diario 'Huelva Información', desmienten que se tratase de un asesinato accidental y evidencian que para llevar a cabo su acción Montoya empleó una gran crueldad.

Crimen Laura Luelmo

La calle donde vivían el asesino confeso y su víctima (Gtresonline).

La primera versión del crimen que Montoya dio a la Guardia Civil es que trató de engañar a Laura y, al obligarla a entrar en su coche por la fuerza, la joven se golpeó con la puerta. Luego, según este primer relato, la maniató y la envolvió con una manta para abandonarla más tarde en el monte, aún con vida. Antes, habría tratado sin éxito de abusar de ella, sostuvo el asesino confeso.

RELACIONADO: Más noticias sobre el crimen de Laura Luelmo, que conmocionó a toda España el pasado mes de diciembre

Más tarde, ante la juez que instruye el caso, Montoya dijo que la engañó para hacerla entrar en su casa y que allí, ante la resistencia que opuso la joven, le dio varios golpes que la dejaron inconsciente y decidió llevarla al campo y dejarla allí, donde terminó con su vida para evitar que sufriera. Por último, días después dijo que fue una exnovia, Josefa, a la que conoció en la cárcel, la que mató a Laura por celos.

Laura Luelmo

Montoya mató a la joven cuando llevaba solo unos días residiendo en El Campillo (Facebook).

Nada que ver con la realidad, porque un informe del Servicio de Patología del Instituto de Medicina Legal, al que ha tenido acceso 'Huelva Información' revela que Bernardo Montoya hizo uso de una desmesurada crueldad, a la luz de las características y del número de heridas que presentaba su cuerpo sin vida.

RELACIONADO: Los resultados definitivos de la autopsia a Laura Luelmo despejan las incógnitas sobre su muerte

Los investigadores creen que la segunda versión es la que se acerca más a la hipótesis con la que ellos trabajan y que avalan las pruebas científicas, sin embargo, será el último relato de los hechos, en el que Bernardo Montoya culpa a su exnovia Josefa, el que previsiblemente sostendrá ante la juez instructora la próxima vez que testifique, el próximo 4 de abril.

RELACIONADO: Bernardo Montoya cambió su versión de los hechos para acusar a su exnovia Josefa

En esa versión, Montoya asegura que estaba hablando con Laura en la puerta de su casa cuando Josefa salió y le reprochó que estuviera conversando con ella. Entonces él habría entrado en casa a lavarse y al regresar habría encontrado a Josefa y a Laura discutiendo en el salón. Su exnovia habría agredido a la joven profesora, primero con un palo de fregona y luego con un martillo y habría acabado con su vida. Montoya se lo contó así a los funcionarios de la prisión en la que está en espera de juicio y aseguró que decidió en el primer momento inculparse para librar a Josefa de la cárcel, pero que luego pensó que no quería quedar "como el asesino y violador de una chica con la edad de su propia hija".

Bernardo Montoya

El asesino confeso fue detenido cuando intentaba huir (EFE).

Laura Luelmo llevaba solo unos días viviendo en El Campillo (Huelva) cuando ocurrió el terrible suceso. La joven zamorana de 26 años había llegado a la localidad para trabajar como profesora interina en el instituto del vecino municipio de Nerva. Su familia denunció su desaparición porque no tenían noticias de ella desde la noche del 12 de diciembre. Se organizaron batidas de búsqueda que rastrearon los alrededores del pueblo y, cinco días después, apareció su cuerpo sin vida. Bernardo Montoya, un expresidiario de 50 años que vivía enfrente de la joven, confesó el crimen tras ser detenido cuando pretendía huir. Actualmente se encuentra en prisión a la espera de juicio.