Así fueron las horas previas a la desaparición de Pilar Garrido, la española asesinada en México

El único acusado de su crimen es su marido, Jorge Fernández, que ha escuchado tranquilo varios testimonios y el relato de la acusación, que pide para él hasta 50 años de cárcel

por Tu otro diario /


Nada que hiciera presagiar un desenlace fatal. Los testigos que vieron a Pilar Garrido, la española asesinada el verano pasado en México, y a su marido, Jorge Fernández, único acusado del crimen, no apreciaron nada fuera de lo normal que pudiera levantar sus sospechas. Así lo contaron durante la primera sesión del juicio contra Jorge Fernández, que se enfrenta a una petición de 50 años de cárcel,  y que escuchó los testimonios y la acusación en actitud serena y tranquila. Jorge Fernández se acogió a su derecho a no declarar.

Jorge Fernández, Pilar Garrido y su hijo

Jorge Fernández, Pilar Garrido, y su hijo pequeño (Captura de un vídeo de Antena 3).

El acusado, que se ha hecho muy devoto desde su estancia en prisión preventiva, cerraba los ojos y cruzaba las manos en un gesto que parecía de oración, mientras iban desfilando los testigos que vieron a la pareja en la última jornada antes de la desaparición de Pilar Garrido, cuando ambos estaban de vacaciones con su hijo en la playa. La primera testigo fue María Magdalena San Gabriel, propietaria de un restaurante en el balneario de La Pesca, donde la familia había ido a conocer a las tortugas lorca, endémicas del Golfo de México.

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Garrido y Fernández, que viajaban con el bebé, se sentaron a comer en el local y, al entablar conversación, ella comentó que quería regresar a España, sin dar mayores detalles y sin que hubiera una discusión acerca de ese asunto. Sobre las 18.00 horas, según el relato de San Gabriel, se fueron de la playa en coche. Ese mismo día, Diana Quintanilla, también testigo en el juicio, escribió a Pilar Garrido, propietaria de un pequeño centro de estética, por WhatsApp para pedirle información acerca de unos productos que había comprado.

Gracias a esos mensajes se puede deducir que, al menos hasta las 19.20 horas de aquel fatídico domingo, Pilar seguía con vida. Según contó Quintanilla, ella le envió la información pertinente y detallada. "Solo podía ser Pilar", aseguró la segunda testigo. Aquella misma tarde también intercambió mensajes con familiares en Valencia. Otras dos testigos más, amigas de la familia, hablaron de los planes de regresar a España, de la posible venta de la casa de México... pero ninguna dijo que hubiera conflicto en torno a esa cuestión o que hubieran visto discutir por ello a la pareja.

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¿Víctima o verdugo? No hay otra posibilidad en este mediático caso que está acaparando una gran atención en México. Las familias de Pilar Garrido y de Jorge Fernández confían en su inocencia, que él defiende también a capa y espada. Sin embargo, la Fiscalía de Tamaulipas tiene el convencimiento total de su culpabilidad y aseguró en la primera jornada del juicio que presentará contra él más de 70 pruebas.

La valenciana, de 34 años, desapareció el 2 de julio de 2017 y sus restos fueron hallados el 26 de ese mes. Según el esposo, fue secuestrada por hombres armados mientras regresaba en coche a Ciudad Victoria, capital estatal de Tamaulipas, tras pasar unos días en la playa. Pero el caso dio un vuelco cuando la fiscalía estatal lo detuvo acusado de haber asfixiado a su esposa. Se enfrenta a cargos por feminicidio, con penas máximas de 50 años y la pérdida de la patria potestad de Dalmau, el hijo de ambos.