Veinticinco años sin Anabel Segura: un secuestro con trágico final que tuvo en vilo a España

Fueron dos años y medio de angustia para su familia, a la que sus captores pidieron un millonario rescate pese a que la mataron el mismo día del rapto

por Tu otro diario /


Anabel Segura tenía 22 años aquel 12 de abril de 1993, el día en que la secuestraron cuando salió a correr por La Moraleja, en Alcobendas (Madrid), donde vivía con sus padres. Dos hombres la metieron por la fuerza en una furgoneta con la intención de pedir un rescate. Fingieron durante dos años y cinco meses tenerla cautiva, cuando en realidad acabaron con su vida solo unas horas después del secuestro. Anabel había intentado escapar dos veces y sus secuestradores no habían planificado dónde esconderla ni cómo actuar tras el rapto. Arrojaron su cuerpo en una fosa de una fábrica de ladrillos abandonada en Numancia de la Sagra (Toledo).

Anabel Segura

Anabel Segura (EFE/Archivo). 

La historia de su secuestro movilizó a la sociedad española de una forma que hasta entonces no era habitual. Por todo el país se formaron plataformas ciudadanas que reclamaban la liberación de la joven y un lazo amarillo se convirtió en el símbolo del movimiento. Nadie podía sospechar que, en realidad, lo que se pensaba que era el secuestro más largo perpetrado por delincuentes comunes había durado poco más que unas horas, ya que Anabel falleció estrangulada el mismo día de su rapto. Emilio Muñoz y Cándido Ortiz fueron los autores de este cruel asesinato y mantuvieron la farsa con la ayuda de Felisa García, la mujer del primero.

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Emilio Muñoz tenía 38 años y era transportista. Tenía cuatro hijos y la situación económica de la familia era desesperada. Su mujer, que era churrera y tenía 35 años, cooperó con su marido y lo encubrió. Cándido Ortiz, un fontanero de 35 años, fue el otro encargado de introducir a la chica en la furgoneta blanca que un jardinero de La Moraleja contó a la policía que había visto salir a toda velocidad tras introducir dentro a Anabel. Habían decidido ir hasta esa urbanización, donde viven familias con alto poder adquisitivo, y secuestrar a una mujer con un móvil puramente económico. Anabel tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino.

Pidieron por ella un rescate de 150 millones de pesetas (900.000 euros) y la familia acudió dos veces al punto de encuentro convenido para pagar, pero los delincuentes no aparecieron. Dos meses después de la desaparición de la joven, los secuestradores enviaron a la familia una cinta magnetofónica en la que se podía oír la voz de Anabel. La chica aseguraba encontrarse bien y clamaba por que la sacaran de allí. Después se demostró que no era ella, sino Felisa García. La policía difundió la grabación y pidió colaboración ciudadana para tratar de identificar a la mujer que se hacía pasar por la joven. Hubo 30.000 llamadas y una de ellas identificó a Felisa.

Emilio Muñoz, tras ser condenado por el secuestro y asesinato de Anabel Segura (EFE/Archivo).

Emilio Muñoz, tras ser condenado por el secuestro y asesinato de Anabel Segura (EFE/Archivo).

Otra pista crucial la obtuvieron de otra cinta en la que los secuestradores exigían el pago del rescate. En esa grabación, se escuchaba en segundo plano a unos niños hablando con acento de Toledo y diciendo la palabra 'bolo', que es una forma coloquial de referirse a los toledanos. Tiraron también de ese hilo y acabaron resolviendo el caso y desvelando el triste final de Anabel, que conmocionó a todo el país. Aquel 28 de septiembre de 1995, la Policía detuvo en la localidad toledana de Escalona a Felisa García, en Pantoja, a su marido, Emilio Muñoz, y en Madrid, a Cándido Ortiz.

Ante los agentes, los tres se derrumbaron y confesaron su crimen, así como el lugar donde habían escondido el cuerpo de la joven: una fábrica de ladrillos abandonada en Numancia de la Sagra, también en Toledo. Fueron condenados por la Audiencia Provincial de Toledo y después por el Tribunal Supremo, que elevó las penas a 43 años y seis meses de cárcel a los dos hombres y a dos años y cuatro meses a la mujer. Cándido Ortiz falleció en prisión. Emilio Muñoz quedó en libertad en noviembre de 2013 tras la derogación de la 'doctrina Parot'.