La sequía da con la clave que podría arrojar luz sobre la misteriosa desaparición de dos chicas en Cantabria en 1992

El descenso de las aguas del Pantano del Ebro, en Cantabria, ha dejado al descubierto unos restos óseos que podrían ser la pista definitiva para saber qué pasó con Virginia Guerrero, de 14 años, y Manuela Torres, de 13

por Tu otro diario /


Campoo de Yuso es una pequeña localidad cántabra de menos de 700 habitantes donde la tranquilidad es la tónica general. Pero esa calma se ha visto alterada en las últimas semanas a raíz de un hallazgo que podría ser clave para resolver la misteriosa desaparición de dos adolescentes palentinas en 1992, Virginia Guerrero, de 14 años, y Manuela Torres, de 13. Y todo por la sequía. El descenso de las aguas del Pantano del Ebro ha dejado al descubierto unos restos óseos que, según las pruebas forenses practicadas, pertenecen a una joven de entre 13 y 16 años que falleció hace 25 años, según publica 'El Diario Montañés'.

Vista del pantano del Ebro (Bauglir/Wikimedia Commons).

Vista del pantano del Ebro (Bauglir/Wikimedia Commons).

Un lugareño halló en octubre el hueso de una mandíbula humana en una zona que antes de que la sequía azotase España estaba anegadas por las aguas del Pantano del Ebro. No le dio más importancia al hallazgo, porque en esa zona hubo un cementerio. No obstante, dio aviso a la Guardia Civil, que se encargó de la custodia de los restos. La sorpresa vino cuando, a principios de este mes, los análisis forenses practicados revelaron que son de una adolescente de entre 13 y 16 años fallecida hace 25 años.

En ese momento, los investigadores de la Policía Judicial de la Guardia Civil conectaron esta aparición con el caso de Virginia y Manuela, dos jóvenes que vivían en Aguilar de Campoo (Palencia) y que, el día de Castilla y León de 1992, decidieron pasar la jornada en Reinosa (Cantabria). Las dos habían estado aquella tarde de abril en una discoteca. De vuelta a su pueblo, hicieron autoestop. Un coche paró y las chicas subieron. Desde entonces, su rastro se desvaneció para siempre y la investigación del caso no ha tenido avances significativos en los últimos 25 años.

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La desaparición sigue archivada provisionalmente en un juzgado de Cervera de Pisuerga, a la espera de que las pruebas de ADN que se practican a los restos hallados arroje alguna evidencia que las vincule definitivamente con el caso y que permita a los investigadores solicitar su reapertura y seguir indagando. De momento, piden prudencia y recuerdan lo ocurrido en 1994, cuando también la sequía dejó al descubierto dos cráneos en el embalse de Requejada, en Cervera de Pisuerga, que se vincularon con el caso de Virginia y Manuela y que los análisis revelaron que pertenecían a dos mujeres mayores y no a las niñas palentinas.

En Aguilar de Campoo, los familiares de Virginia y Manuela esperan ansiosos los resultados de las pruebas de ADN para conocer algo más sobre su destino. En el pueblo donde aparecieron los restos también es grande la expectación. Se espera que los resultados de las pruebas genéticas se conozcan en unos días y se podría poner fin así a un misterio que dura ya 25 años.