El misterio de la descendencia de la princesa Luisa de Inglaterra

El misterio de la descendencia de la princesa Luisa de Inglaterra

La princesa Luisa, cuarta hija de la reina Victoria y el príncipe Alberto

Temas relacionados

Noticias

Conocida como la hija más bella de la reina Victoria de Inglaterra, la princesa Luisa, Duquesa de Argyll (1848-1939), ha sido objeto de todo tipo de especulaciones, principalmente en torno a una posible maternidad que aún hoy en día se dirime en los tribunales británicos. En este artículo repasamos este pasaje de la vida de la hija más desconocida de Victoria del Reino Unido.


La princesa Luisa nació el 18 de marzo de 1848 en el Palacio de Buckingham, convirtiéndose así en la cuarta hija de la reina Victoria y del príncipe Alberto. Éste sería el que, al igual que en el caso de sus hermanos, se encargaría de educarla de una forma muy estricta. Durante su infancia la Princesa tuvo gran interés por el arte, demostrando ser una buena dibujante y una bailarina talentosa. Sin embargo la muerte de su padre en 1861 supuso un importante cambio en su vida ya que la reina Victoria, conmocionada por el deceso de su marido, decidió abandonar el efervescente ambiente de Londres para mudarse a la apacible Osborne House, en la Isla de Wright. Su hija Luisa sería la que más notara este cambio geográfico. La escasa vida social, unida al hecho de que a partir de 1866 tuviera que hacer las funciones de secretaria de la Reina —cargo que tradicionalmente recaía en la hija soltera de mayor edad— sumió a la Princesa en un profundo estado de hastío. Quizás en este periodo desarrollaría la princesa Luisa su después famosa filia por el feminismo y el liberalismo, algo que la convertiría en objetivo de no pocas críticas en la conservadora sociedad decimonónica británica.


Mientras tanto su madre se embarcó en la búsqueda de un potencial marido. Varios candidatos fueron rechazados por razones políticas, como el príncipe Federico de Dinamarca, el príncipe Alberto de Prusia y el príncipe Guillermo de Holanda. Finalmente sería la propia Luisa la que sugeriría el nombre de su futuro esposo: John Campbell, Marqués de Lorne y heredero del Ducado de Argyll (1845-1914), que, pese a ciertas reticencias dentro de la Familia Real, sería aceptado por la Monarca. El enlace se celebraría 21 de marzo de 1871. Pese a que actualmente se considera que se trató de un matrimonio basado en la atracción mutua y el amor, la relación se deterioraría de forma rápida por la falta de descendencia. En 1878 la pareja sería enviada a Canadá, donde Campbell sería nombrado Gobernador General. En 1883 la Princesa y su marido regresarían a Inglaterra. Mientras el Duque se dedicó a la vida política, la Princesa desarrolló una importante labor pública, con incontables inauguraciones, presidiendo innumerables actos y dedicándose además a su vocación, la escultura, hasta su muerte, con 91 años, en 1939.


Tras su fallecimiento y hasta el día de hoy diferentes rumores han trascendido sobre la princesa Luisa. Supuestos romances, como el que habría mantenido con Arthur Bigge, el secretario privado de la Reina, con el escultor Joseph Edgar Boehm o con el arquitecto Edwin Lutyens, fueron tema de discusión en los tabloides británicos durante años. Sin embargo sería su presunta relación con George Stirling, de la que habría nacido un niño, la que más ríos de tinta haría correr.


En 1866, contando la princesa Luisa con 18 años, la reina Victoria decidió contratar a un tutor para su hijo, el príncipe Leopoldo (1853-1884), muy delicado de salud —estaba aquejado de hemofilia. El elegido fue el teniente de la artillería ecuestre Walter George Stirling (1839-1934). En poco tiempo el teniente Stirling, joven y apuesto, se haría un hueco en la corte inglesa, acudiendo con asiduidad a recepciones y cenas de los miembros de la Familia Real. La reina Victoria se mostraba entusiasmada, habida cuenta de que su frágil hijo Leopoldo no hacía más que mejorar tanto física como intelectualmente bajo los auspicios de su nuevo tutor. Sin embargo, la Monarca no tardaría en percatarse de que su hija Luisa, por aquel entonces aún soltera, no dejaba escapar la oportunidad de estar con su hermano y con el nuevo tutor de éste. Sea como fuere, pasados cuatro meses desde que fuera contratado, el teniente Stirling es despedido para desaparecer de escena de forma permanente. Oficialmente se comunicó que la reina Victoria había decidido prescindir de sus servicios porque consideraba que su hijo necesitaba a una persona con mayor experiencia en el trato “con personas de débil salud”. Sin embargo en los mentideros de Londres la versión era muy distinta, apuntando a un posible romance de la princesa Luisa y Stirling y a un consecuente embarazo, como razón de la defenestración de Stirling.


Varios detalles no habían pasado desapercibidos en la sociedad londinense: la princesa Luisa, normalmente esbelta, había aparecido en los meses previos más corpulenta. Los rumores incluso apuntaban a que la Princesa había hecho uso de un corsé especialmente diseñado para embarazadas. Asimismo los diarios de la reina Victoria —tal y como sus biógrafos han reflejado en los últimos años— revelaban que la Monarca estaba profundamente extrañada de que su hija Luisa rechazara la ayuda de sus criadas a la hora de vestirse, precisamente en 1866. La propia Princesa escribió una misiva en esos meses a una de sus mejores amigas comunicándole que se sentía “deprimida y triste”. “Sólo quiero estar en mi habitación y llorar. Sin embargo no puedo decirte el porqué”, confesaba la Princesa en la carta. Durante todo 1866 la presencia pública de la Princesa fue, por otro lado, mínima. Si, como apuntaban las habladurías, la princesa Luisa habría estado embarazada, el parto se habría producido a principios de 1867. Curiosamente, a partir de febrero de 1867 la Princesa retomó su ajetreada agenda oficial. Ese mismo año su hermano el príncipe Arturo envió una carta a su hermana en la que se refería, sin desvelarlo, a su “gran secreto”.


Otros datos apuntarían a la veracidad del relato del embarazo. La Reina, temiendo la posible indiscreción del teniente Stirling, decidió convertirle en Caballerizo Real y le otorgó una importante dotación pecuniaria anual. En una carta destinada a su amiga Lady Biddulph la Reina escribió: “Temo la indiscreción de Stirling y el daño que podría acarrear”. Según la versión más extendida, la Princesa habría dado a luz a un pequeño que, por órdenes de la Reina, habría sido entregado al ginecólogo de la Familia Real, Sir Charles Locock. Éste, a continuación, se lo habría cedido a uno de sus hijos, Frederick, para que lo adoptara. Según ha demostrado la historiadora Lucinda Hawksley, la princesa Luisa se convirtió en una presencia casi sempiterna en casa de los Locock, mientras que estos visitaban frecuentemente la casa de campo de la Princesa en Kent en compañía de su hijo adoptado, Henry. Éste, por su parte, contaría de adulto a sus más allegados que sus padres le habían confesado de pequeño que su madre era la princesa Luisa. Cuando Henry murió en un accidente de tren en 1907, un misterioso donativo de casi 60.000 libras fue destinado a sus seis hijos de forma inmediata.


 

Si bien no existe una prueba concluyente que confirme la descendencia secreta de la princesa Luisa, un gran número de indicios apuntan en definitiva a esta posibilidad. La polémica sobre la maternidad de la Princesa sigue siendo tema de polémica en la sociedad británica. En 2004, Nick Locock, descendiente del supuesto hijo de Luisa de Inglaterra, presentó una demanda en los tribunales para que se reconociera su parentesco con la Familia Real británica. Los jueces rechazaron la petición, alegando que el desenterramiento de su abuelo, Henry Locock, supondría “una ofensa al entierro cristiano”.

Enlaces patrocinados

solan La evolución de Gloria, la bailarina que no abandonó su sueño