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Con solo 2 años, Lola vende sus cuadros y ya la conocen como ‘la pequeña Picasso’

Sus obras ya se han expuesto en una galería de Nueva York y algunas se han vendido por 1.400 euros

por Tu otro diario /


Con solo dos años Lola June se ha convertido en una de las sensaciones del arte en Nueva York. Y todo por los cuadros que pinta. De hecho algunos ya le han puesto el apodo de ‘la pequeña Picasso’. Lucille, la madre de Lola, no supo apreciar lo que hacía desde el principio y reconocía, según se recoge en el programa 'ABC News', que “he tirado algunas de sus obras de arte”. Quien sí descubrió las habilidades creativas de Lola fue una amiga Lucille. Le enseñó algunos trabajos a Anita Durst, dueña de la galería Chashama, quien no tardó en predecir que tendría éxito. En su opinión “Lola es buena. Y lo es para ser una niña de dos años”.

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Lola ya es toda una sensación entre los círculos artísticos de Nueva York (lolajuneart/Instagram).

En esa galería la pequeña ya ha expuesto. Con el título de ‘Hope’ (Esperanza), el comisario de la exhibición, Pajtim Osmanaj, apuntaba en Instagram que pretendía mostrar cómo de puro y simple puede ser el arte. “Creo que no siempre es necesario tener años de experiencia para crear... Con el arte de Lola, quiero crear una exposición que haga que las personas se cuestionen a sí mismas y la diferencia que hay entre un maestro pintor y un niño pequeño”, decía.

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Uno de los cuadros de la pequeña Lola (lolajuneart/Instagram).

La muestra cuenta con 37 obras de lienzo. Y hay quienes ya se han hecho con algunas de ellas, con precios que oscilan entre los 300 y los 1.600 dólares (entre los 265 y los 1.400 euros). Uno de los compradores, el Dr. Colbert, contaba en declaraciones al diario 'New York Post', que “estaba andando por la calle, miré por la ventana y pensé ‘estas piezas son geniales’”. Antes de hacerse con los cuadros dedicó tiempo a averiguar qué técnicas utilizaba Lola. Y apuntaba que cuando vio la sonrisa en su cara mientras pintaba pensó que se trataba de una niña prodigio.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Lucille contaba que su hija pinta si está dispuesta a hacerlo. No la fuerzan. A sus obras las trata como si fueran sus amigas, las besa al levantarse cada mañana. Al principio se preocupó cuando se las llevaron a la galería para enmarcar, pero después de la noche de la inauguración, la pequeña se despertó y dijo que quería ver ‘la casa de pintura’. Recalca, orgullosa, que “es un honor ser su madre… Me enseña a ser mejor persona”. 

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