PROTAGONISTAS

El detallazo navideño del personal de una escuela infantil con James, el encargado de mantenimiento

Lleva siete años trabajando y todos los que forman parte de la guardería quisieron hacerle un regalo en reconocimiento a su manera de ser. “Realmente han llegado a mi corazón. No puedo dejar de sonreír”, decía tas recibir la sorpresa

por Tu otro diario /


Es el hombre que se ocupa del mantenimiento en un centro infantil de Georgia. Se llama James Jackson y acaba de recibir a sus 72 años una de las mayores alegrías de su vida.

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(Sunbrook Academy of Carrollton/Facebook)

 

Para su sorpresa, los estudiantes, las familias y el personal de Sunbrook Academy de Carrollton, donde trabaja, le regalaron una máquina para cortar el césped de su casa. Era algo que necesitaba.

Al entregársela, James reconocía a ABC News que “fue maravilloso. No puedo expresarlo con palabras… estoy muy agradecido porque sientes que la gente se preocupa por ti. Pero cuando lo expresan de esa manera, te deja sin palabras”. Y repetía “verdaderamente, fue una experiencia maravillosa”.

 

En los 7 años que lleva trabajando en esta academia se ha convertido en toda una celebridad. Así lo afirma una de sus directoras, Jessica Ealey, cuando dice que “los niños se bajan de los coches por la mañana buscando a James… es increíble.. incluso los niños de un año”.

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Para reunir el dinero suficiente para comprar la cortadora de césped emplearon dos semanas y fue tanta la cantidad recaudada que les dio también para una tarjeta de regalo de 420 euros y otros 55 euros en efectivo.

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(Sunbrook Academy of Carrollton/Facebook)

 

La academia publicó en su página de Facebook fotografías y vídeos del emocionante momento y junto a ellas escribieron una corta pero sentida dedicatoria: “!!Feliz Navidad Sr. James¡¡¡ !!!Te queremos¡¡¡”.

Para averiguar qué tipo de segadora era la que necesitaba, los estudiantes y el personal le fueron preguntando cómo cortaba la hierba. James nunca pensó en la intención de esas preguntas. Cuando se la entregaron, le dijeron que fuese a la parte delantera del edificio. Al verla comentó que le temblaban las rodillas. “Pensé que estaban tirando de mis piernas. Fue genial. Todos en el mundo deberían experimentar algo así al menos una vez. Realmente han llegado a mi corazón. No puedo dejar de sonreír”, señalaba James.

Un gesto de solidaridad y de afecto que James no olvidará nunca. Les recordará siempre cuando corte el césped de su casa.