‘Tasa Rosa’: este es el motivo por el que pagas más solo por ser mujer

El llamado impuesto de género se aplica a cuchillas de depilar y perfumes, entre otros muchos productos

por Elena Villegas /


Cuchillas de afeitar, desodorantes y fragancias son los ejemplos más manidos de la ‘tasa rosa’ o impuesto de género, pero la diferencia de precios se extiende a todo tipo de productos, que pasan por la ropa, el calzado y los relojes y llegan a los juguetes y a servicios como la tintorería. Y no hay diferencia más allá del precio (aunque digan lo contrario).

Compras mujer

La 'tasa rosa' es el incremento de precio en productos destinados a mujeres (GTRESONLINE)

La ‘tasa rosa’ es un fenómeno generalizado en el mundo occidental por el cual los productos y servicios destinados a mujeres (y niñas) son más caros únicamente por eso, porque van dirigidos a ellas. En Estados Unidos y Francia se han hecho estudios exhaustivos sobre el asunto, que, si bien es una discriminación en toda regla, responde a la ley de la oferta y la demanda: las mujeres están dispuestas a pagar más por lo mismo (o eso dicen las empresas).

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Partiendo de la base de que muchos de estos productos no suelen ser idénticos, la Oficina de Consumo de la ciudad de Nueva York especifica que, para elaborar su estudio, han elegido productos lo más parecidos posibles en elaboración o construcción, así como en “ingredientes, telas, apariencia, descripción y marketing”. Uno de los ejemplos más llamativos de este informe son los vaqueros, a un precio de 57,09 dólares si son para chico y a 62,75, si son para chica. Y se han analizado 40 modelos diferentes de vaqueros.

Incluso en las compresas hay diferencias. Mientras las mujeres reivindican que se les aplique la reducción del IVA propia de los productos de primera necesidad, el estudio de la Oficina de Consumo de Nueva York indica que son más baratas las destinadas a las pérdidas de orina de los hombres que las de las señoras.

Lo mismo ocurre en la tintorería, en la peluquería o en tratamientos de belleza, por ejemplo. Por sorprendente que parezca, también es más caro un boli rosa que otro azul. Sería de chiste si no fuera porque la suma del dinero que se paga de más por todos esos productos supera, de media, los 1.200 euros al año, según otro estudio de la Universidad de California.

El movimiento feminista francés Georgette Sand consiguió reunir, en 2014, 50.000 firmas para acabar con la ‘tasa rosa’ y obtuvo resultado; el entonces ministro de Economía, Emmanuel Macron, encargó un estudio a una empresa independiente sobre el asunto. El informe concluyó, un año después, que existe un sobrecoste en aquellos productos dirigidos específicamente a uno u otro género, ya sean mujeres ya sean hombres; es decir, no necesariamente solo para el género femenino. Por ejemplo; determinados tipos de desodorantes en spray vendidos en hipermercados y supermercados franceses eran más baratos para ellas. 

En el mismo sentido se manifiesta la española Facua-Consumidores en Acción, cuyo portavoz, Miguel Ángel Serrano, quien explica, en declaraciones a Tu Otro Diario, que la diferencia de precio “se debe, principalmente, al hecho de que el sector femenino está dispuesto a pagar más dinero” que el sector masculino por productos similares y las empresas “se aprovechan”, argumentando que el diseño encarece el artículo.

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Para la asociación feminista Georgette Sand, el informe del Ministerio de Economía francés es la prueba del abuso de los estereotipos de género por parte de fabricantes y distribuidores, por lo que “es una buena razón para que hombres y mujeres se unan en contra de la manipulación de la comercialización”, tal y como manifiesta en su página web.

Miguel Ángel Serrano añade que hay otros colectivos sociales perjudicados por esta desproporción de precios, ya que también son más caros “los productos destinados al colectivo gay”.

Desde Facua aconsejan que, en cualquiera de los casos en los que se da este incremento de precio, “se tenga una visión crítica” y se adquieran los artículos que son similares pero que están destinados a otro tipo de clientela. Por supuesto, como indica Serrano, la decisión final de adquirir unos u otros debe ser del consumidor.