Mendoza recibe el Premio Cervantes: “Vivo perplejo, atemorizado y descontento”

El escritor español ha querido recalcar la importancia de las humanidades en la educación y ha lamentado ha lamentado el 'abandono' de estas en el colegio y, en especial, de la obra de Cervantes

por Europa Press /


El escritor Eduardo Mendoza ha recibido el Premio Cervantes este jueves 20 de abril en una ceremonia como es tradición en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares en la que ha asegurado estar "perplejo, atemorizado y descontento" de cómo va el mundo, que vive "tiempos confusos e inciertos".

Así, en un discurso lleno de humor e ironía, el escritor español ha asegurado: "Vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos, porque somos una especie atolondrada y agresiva y quizá mala, si hubiera otra especie con la que nos pudiéramos comparar".

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El escritor español Eduardo Mendoza en la entrega del Premio Cervantes (Europa Press).

Por el contrario, el autor de 'La verdad sobre el caso Savolta' ha señalado que la incertidumbre y la confusión a las que se refiere son "de otro tipo". "Un cambio radical que afecta al conocimiento a la cultura, a las relaciones humanas, en definitiva, a nuestra manera de estar en el mundo. Pero al decir esto no pretendo ser alarmista. Este cambio está ahí, pero no tiene por qué ser nocivo, ni brusco, ni traumático", ha apuntado.

UN DISCURSO QUE GIRA EN TORNO A ‘EL QUIJOTE’

En este sentido, Mendoza ha enmendado una frase del Quijote -figura literaria sobre la cual ha girado durante todo el rato su discurso- al aseverar que no es que "no haya pájaros en los nidos de antaño" durante su vuelta a casa, sino que "los hay, pero son otros pájaros".

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Siguiendo este hilo de mezclar realidad con ficción novelesca, el autor catalán ha reconocido que alguna vez se ha preguntado si don Quijote "estaba loco o si fingía estarlo para transgredir las normas de una sociedad pequeña, zafia y encerrada en sí misma".

Así, su conclusión es que el ingenioso hidalgo está "realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos y, en consecuencia, le dejarán hacer cualquier disparate que le pase por la cabeza".

SE CONSIDERA UN MODELO DE SENSATEZ

Comparándose con don Quijote, Mendoza ha señalado que todo esto "es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo.”

Aun así, ha añadido: “Pero en una cosa le llevo ventaja a don Quijote: en que yo soy de verdad y él un personaje de ficción".

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El escritor -que se ha autodefinido como "Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores" en una defensa de la humildad frente a la vanidad- ha admitido haber releído por tercera vez la novela de Miguel de Cervantes tras "la cordial e inesperada llamada del señor Ministro" notificándole la concesión del premio.

UN HUMOR QUE RECLAMA COMPLICIDAD ENTRE EL AUTOR Y EL LECTOR

En esta lectura de madurez, lo que se encontró Mendoza fue que había otro tipo de humor en la obra de Cervantes, un humor que "no está tanto en las situaciones ni en los diálogos, como en la mirada del autor sobre el mundo".

“Un humor que camina en paralelo al relato y que reclama la complicidad entre el autor y el lector. Una vez establecido el vínculo, pase lo que pase y se diga lo que se diga, el humor lo impregna todo y todo lo transforma", ha señalado.

En relación a este descubrimiento, el autor entiende que al ser premiado en esta edición, se ha "querido premiar este género, el del humor, que ha dado nombres tan ilustres a la literatura española, pero que a menudo y de un modo tácito se considera un género menor", pero él no lo ve así.

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En cualquier caso, ha reconocido que, a pesar de ser recibido como un libro cómico, el Quijote ya no lo es tanto a día de hoy. "Los tiempos cambian y aunque el humor es el mismo, nuestra percepción de lo cómico ha cambiado”. Así, “el Quijote ha perdido buena parte de su comicidad. Visto desde mi perspectiva, los episodios jocosos no son muchos ni muy variados y repiten un patrón convencional: confusión y paliza", ha apuntado.

LAMENTA QUE SE DÉ LA ESPALDA A LAS HUMANIDADES

Mendoza también ha lamentado el 'abandono' de las humanidades en el colegio y, en especial, de la obra de Cervantes. "En algún sitio he leído que la presencia obligatoria del Quijote en la enseñanza no pasa de ser una leyenda urbana. Es cierto, pero toda regla tiene su excepción", ha comentado con humor.

"A los que hicimos preuniversitario el año académico de 1959/60 nos tocó leer y comentar el Quijote, tanto a los que habíamos optado por el bachillerato de letras como por el de ciencias”, ha señalado.

Por último, en su discurso Mendoza ha agradecido a varias personas su apoyo y cariño, y en especial a dos. "Una es Pere Gimferrer, que me dio la primera oportunidad y es mi editor vitalicio y mi amigo incondicional. La otra es, por supuesto, Carmen Balcells, cuya ausencia empaña la alegría de este acto", ha destacado.

 

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