Roberto Canessa, el superviviente de Los Andes que hoy ayuda a bebés: 'Tengo un compromiso con la vida'

En una entrevista a ‘Tu otro diario’, Canessa explica los detalles de su libro ‘Tenía que sobrevivir’, escrito “no con tinta, sino con lágrimas de emoción”

por Tu otro diario /


Roberto Canessa “tenía que sobrevivir” para salvar a otras personas. Sobrevivió al accidente del avión que cayó en Los Andes en 1972 y a su travesía por la cordillera andina en busca de ayuda. Eso le llevó a adquirir “un compromiso con la vida” por el que ahora salva a bebés que nacen con cardiopatías.

Roberto Canessa

Roberto Canessa, coautor de 'Tenía que sobrevivir', de ediciones Alrevés (imagen cedida por la editorial)

En declaraciones a Tu otro diario, explica cómo intenta ayudar a esos niños a que se aferren a la existencia. Su libro ‘Tenía que sobrevivir’, de la editorial Alrevés, escrito junto a Pablo Vierci, es un fantástico punto de apoyo para todo el que se encuentre en un momento de adversidad porque, como él mismo dice, “todos tenemos una montaña que escalar”.

FOTOGALERÍA: Del accidente de Los Andes a la actualidad

1.- ¿Qué era lo que le impulsaba a seguir viviendo mientras estuvo en Los Andes?

Poco tiempo antes del accidente fui al entierro de un amigo y vi a la madre, que estaba destrozada. Al salir, mi madre me dijo: “si a mí se me muere un hijo, me envuelve la tristeza". Por eso yo tenía que volver y decirle que no llorara más, que estaba vivo. Me imaginaba todo el drama en la casa, en la familia, y el único que tenía la oportunidad de cambiar eso era yo, o sea que era una gran responsabilidad la que sentía.

2.- Después de dos meses de sobrevivir a duras penas en condiciones extremas, ¿de dónde sacó las fuerzas para atravesar Los Andes en busca de ayuda?

Pues no lo sé. Yo creo que uno saca fuerzas que no sabía que tenía. Muchas veces decimos “no puedo más” y, sin embargo, queda bastante dentro porque yo estaba en la montaña y decía “no puedo más” y al día siguiente estaba vivo y al día siguiente, también. La adversidad te hace aflorar reservas que no te imaginabas que tenías.

3.- ¿Cree usted que sobrevivió porque tenía una misión que cumplir?

Aprendí eso; aprendí que son las razones que te llevan a hacer las cosas y no el cómo. El porqué haces las cosas y no cómo las haces es lo que da la fuerza. El 'cómo' viene después. Después, tú buscas cómo instrumentar lo que quieres hacer, pero la fuerza es el porqué.

4.- ¿Cree en el destino?

El destino, Dios, la fuerza de voluntad, no aceptar cuando todo está en contra… es una mezcla de varios componentes que empujan a la mente y al corazón humano.

5.- Una vez de vuelta a casa, ya consciente de que había sobrevivido, ¿cómo cambió su vida?

Yo tuve la suerte de volver a mi barrio, a mi casa. La casa pegada a la mía era la de un amigo que había fallecido; ver a los padres de los que no volvieron fue muy impactante. Escuchar a esas madres “cuéntame de mi hijo”, todo lo que supuso llevarles la carta… Todo eso te va emocionando y te va haciendo vivir la vida de manera diferente. Además, tuve la suerte de que me invitaron a volver a la Facultad de Medicina porque yo no salí para ser héroe; no me gustaba eso. Me parecía que vivir del éxito pasado iba a ser algo que me iba a deformar la mente, así que yo estudiaba y salvaba los exámenes por las mañanas. Por las tardes, dábamos entrevistas y juntábamos fondos para ayudar a las familias de los que no volvieron; o sea que tengo un compromiso con la vida muy lindo, muy ansiado, y por el que me siento un privilegiado.

 

Canessa

Roberto Canessa con 19 años, justo antes del accidente de avión (editorial Alreves)

6.- A día de hoy, ¿cuál es su objetivo en la vida?

Ser agradecido y mejorar la cardiología pediátrica de Uruguay, que tenga las mismas estadísticas que tienen los mejores centros del mundo; es un compromiso con la sociedad. Yo trabajo en diagnóstico prenatal de cardiopatías; o sea, que entro en la ‘barriga’ de la mamá y veo a un pobre sobreviviente parecido a mí, que tiene que salir adelante en la vida y me recuerda a cuando estaba en la montaña. Ahora soy el pastor que los acompaña e intento transmitir a esos niños cómo es luchar por vivir.

7.- Más allá de que sea su médico, ¿qué relación le une a estos niños?

Yo miro a la ventana del ecógrafo y veo a ese niño y me acuerdo de cuando miraba por la ventaba del fuselaje, pensando en mi casa y en mi abuela. Estamos mirando la vida de la misma manera ese niño y yo. Es el mismo compromiso.

8.- ¿Le vienen a la mente, a menudo, imágenes del accidente?

No. La mente tiene una actitud sanadora. Sé que estuve en la montaña porque me acuerdo de todo lo que pasó y muchas veces pienso que fue un experimento del comportamiento humano.

9.- ¿Por qué leer este libro?

Creo que es una ayuda a la gente que está en la adversidad. Es el testimonio de algo que viví; yo no pretendo convencer a nadie de nada, sino contarles qué te pasa cuando se te cae la vida, que es algo que te puede pasar cuando te diagnostican cáncer o cuando enfermas o cuando te enfrentas a situaciones reales de la vida. Creo que todos tenemos una montaña para escalar. Es un libro que no está escrito con tinta, está escrito con lágrimas de emoción.

10.- ¿Qué le ha supuesto plasmar sobre el papel esta retrospectiva de su vida y de sus emociones?

Tardamos diez años en escribirlo; es un libro que está escrito concienzudamente. Eran 800 páginas que, después, se resumieron en un relato muy audaz, pero muy ágil, y que te habla de ti mismo. Yo creo que es un libro que no se lee con los ojos, que se lee con el corazón, como me dice la gente.

11.- ¿Se siente orgulloso de los logros que ha conseguido?

Sí, puedo estar orgulloso de haberme dedicado a seguir caminando. Yo salí de la montaña y caminábamos por Los Andes y ahora me toca seguir caminando junto a estos niños que a veces tienen la mitad del corazón, pero tienen el doble de ganas de vivir y que son ejemplo para otros niños que lo tienen todo. Es un libro de anti-bullying y que nos hace darnos cuenta de que tenemos que ser más agradecidos y más condescendientes. Es un libro que busca mover la aguja del mundo y hacernos darnos cuenta de que la mayoría de seres humanos tenemos problemas comunes, que a cualquier familia en el mundo a la que le nace un hijo con una cardiopatía se siente igual a la otra y que tenemos que mirar a la vida de manera diferente.

 

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