Vanessa nos cuenta su experiencia tras superar un cáncer y ser madre con un tratamiento pionero

Leo, primer niño de preservación de fertilidad tras cáncer hematológico

Leo, en brazos del doctor Javier Domingo, director de la clínicia IVI de Las Palmas y junto a sus padres

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“Leo es el final feliz de una dura guerra”, así de gráfico se muestra Javier Domingo, director de IVI Las Palmas, a la hora de definir lo que representa el nacimiento de este bebé para muchas mujeres que, como la madre del pequeño, han sufrido un cáncer.

 

Un importante logro que en el caso de Vanessa López, una canaria de 36 años, ha sido posible gracias a programa de preservación de fertilidad.

 

Ella es la primera española que tras superar un Linfoma no Hodgkin (LNH) consigue tener un hijo vitrificando sus óvulos, un proceso que se realiza antes de comenzar con el tratamiento oncológico. En España, sólo existe otro caso similar en una mujer que sufría cáncer de ovarios.

  

“Desde el momento que me descubrieron el linfoma tuve muy claro que quería utilizar esta técnica”, nos dice Vanessa, quien a pesar de los delicados momentos que ha atravesado, le extirparon el bazo y se sometió a un proceso de inmunoterapia, habla con absoluta naturalidad y valentía de su enfermedad.

 

Gran parte de esa fortaleza se la trasmite su hijo Leo, de cuatro meses, que según cuenta su orgullosa mamá, es un bebé muy risueño.

  

Vanessa fue diagnosticada de su enfermedad en 2010, cuando se encontraba en el hospital y aconsejada por una compañera de habitación decidió vitrificar sus óvulos.

 

“Se trata de una técnica de congelación que aplicamos desde 2007-nos explica el doctor Javier Domingo, director de IVI Las Palmas, donde la canaria se sometió al tratamiento-, congela tan rápido que no rompe las células”.

 

La quimioterapia y radioterapia pueden provocar un fallo ovárico o menopausia, por eso los especialistas recomiendan antes de iniciar el tratamiento oncológico congelar los ovocitos.

  

En febrero de 2012, una vez recuperada y con el alta médica, Vanessa volvió a la clínica para realizar un tratamiento de fecundación in vitro con los óvulos que se preservaron. Nueve meses después nacía Leo, tras un parto natural y con un peso de 3.440 gramos.

  

“No siempre todo es negro, hay que ser fuerte, hay que estar preparada”, asegura Vanessa con la seguridad de haber superado una prueba muy complicada.

 

Su experiencia ha sido tan satisfactoria que ya está pensando en darle un hermanito a Leo: "Se lo recomiendo a todas las mujeres que atraviesen la misma situación que yo viví", dice.

 

Javier Domingo destaca que la vitrificación de los óvulos supone un gran logro para las enfermas de cáncer porque ya no tienen que renunciar a la maternidad al poder posponerla, como en el caso de Vanessa.

  

“Pero no sólo eso, para una enferma someterse a un programa como éste es una señal de optimismo porque considera que si puede iniciar ese proceso es porque se puede curar”, recalca.

 

Desde que IVI introdujo por primera vez en España la vitrificación de óvulos en 2007, 370 mujeres, con una edad media de 32 años, han preservado su fertilidad por motivos oncológicos.

 

Las mujeres que sufren este tipo de patologías son las principales beneficiarias pero no las únicas, cualquiera que por motivo sociales desea posponer su maternidad puede optar por esta técnica.

 

De hecho, unas 600 mujeres con una edad media de 36,7 años han guardado sus óvulos en los últimos cinco años en el banco del IVI con la idea de ser madres en el futuro.

 

 

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