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Un nuevo pontífice en tiempos de Benedicto XVI

Los cardenales salen al balcón de la basílica de San Pedro del Vaticano después de la elección Benedicto XVI, el 19 de abril de 2005.

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- La existencia de un papa aún vivo es una coyuntura nueva en época moderna que pone al colegio cardenalicio "en una situación emotivamente diversa", según el profesor Alberto Melloni.

 

- "Con el papa vivo es más complicado decir cosas, sobre todo cuando se trata de hacer un cambio de ruta del gobierno pontificio".

 

Esta es la primera vez en siglos que el colegio cardenalicio deberá buscar un nuevo pontífice cuando el anterior aún no ha fallecido, ¿cómo puede influir este hecho en el transcurso de la asamblea?, el profesor de Historia de la Iglesia Alberto Melloni habla con Efe de este y otros aspectos.

 

La iglesia católica se enfrenta a un hecho inédito en siglos: los cardenales se reúnen para nombrar al sucesor de Pedro cuando aún hay un papa vivo. Cuál será el efecto de la cohabitación de dos papas dentro de los muros vaticanos o, aún antes, cómo puede influir en el cónclave la existencia de un papa emérito, son incógnitas aún abiertas.

 

El expapa Benedicto XVI dijo tras anunciar su renuncia, que se hizo efectiva el 28 de febrero, que vivirá "escondido del mundo" y dedicado a la oración y garantizó ante los cardenales "respeto incondicional" y "obediencia" al futuro pontífice.

 

La mayor parte de las normas por las que se regirá el cónclave están claramente fijadas hace tiempo y otras fueron modificadas recientemente por el papa emérito. Pero la verdadera novedad para los cardenales con derecho a voto será de "carácter psicológico", así lo asegura el profesor de Historia del Cristianismo de la Universidad de Estudios de Módena y Reggio Emilia Alberto Melloni.

 

Se trata de una coyuntura nueva en época moderna que pone al colegio cardenalicio "en una situación emotivamente diversa", explica Melloni a Efe.

 

Por una parte el tiempo pasado desde el anuncio de abdicación de Benedicto XVI y el inicio de la Sede Vacante (28 de febrero) ha sido más largo que cuando un papa fallece. Pero, ante todo, "del papa muerto se pueden decir cosas que, sin embargo, con el papa vivo son más complicadas, sobre todo cuando se trata de hacer un cambio de ruta del gobierno pontificio".

 



LAS ÚLTIMAS DECISIONES DE BENEDICTO XVI

 

Desde el punto de vista normativo no hay grandes cambios respecto a la "Constitución apostólica" sobre el cónclave aprobada por Juan Pablo II en 1996, "y que en gran parte está aún en vigor".

 

Algunos cambios fueron introducidos por Benedicto XVI tres días antes de su renuncia, con un "motu propio" en el que da libertad al colegio cardenalicio para comenzar el cónclave si todos los electores están en Roma sin esperar 15 días; hace automática la excomunión de quien revele los secretos de las deliberaciones y reintroduce la mayoría de dos tercios cuando, después de 24 fumatas negras, se vote solo entre los dos cardenales con más apoyos (antes debía ser la mitad más uno).

 

Además, tomó decisiones de calado como el nombramiento de Ernest von Freyberg al frente del banco Vaticano, institución salpicada por escándalos financieros  y aceptó la renuncia, por motivos de edad, del cardenal británico Keith O'Brien, el mismo día en que este anunció su renuncia como arzobispo de Edimburgo tras haber sido acusado de "comportamiento inapropiado" hacia otros religiosos en la década de los años ochenta.

 

Y estableció que el informe realizado por tres cardenales sobre el caso Vatileaks -como es conocido al escándalo de la publicación de documentos privados de Benedicto XVI y de la Santa Sede, que desvelan intrigas y enfrentamientos en el pequeño estado-  solo pueda ser conocido por su sucesor.

 

Aunque sobre este aspecto el presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, el cardenal Raymundo Damasceno Assis, ha señalado a la prensa italiana que el caso Vatileaks influirá en las votaciones de los purpurados y por ello deberían conocer el contenido central del informe.

 

 

ELIGIENDO AL SUCESOR DE PEDRO

 

La elección del nuevo papa no debería demorarse, "es difícil imaginar un cónclave largo" votando cuatro veces al día, indicó Melloni. Durante el siglo pasado el más largo, seis jornadas, fue el que eligió a Pío XI en 1922.

 

El cónclave comienza con la celebración en la basílica de San Pedro de la misa votiva "Pro eligendo Papa", tras la cual los cardenales se dirigen en procesión y recitando letanías a la Capilla Sixtina, en la que cantarán el "Veni Creator Spiritus", para invocar la ayuda del Espíritu Santo en la elección del sucesor de Pedro, por una mayoría de dos tercios.

 

Una vez que juren mantener el secreto de todo lo que se diga o haga en el cónclave, el maestro de Ceremonias Pontificias pronunciará la frase "extra omnes" y todos los ajenos al cónclave saldrán de la Capilla, donde comenzará el "encierro".

 

Los cardenales, rodeados de los espectaculares frescos pintados por Miguel Ángel, dispondrán de un pedazo papel con las palabras "eligo in summen pontificem" en el que escriben, enmascarando su caligrafía, el nombre de su favorito y que depositan en una urna ovalada, tras lo que tres escrutinadores hacen el recuento. Los votos son todos enhebrados en un hilo que debe pasar con exactitud por la "o" de "eligo" y una vez hecho el cómputo pasan a la estufa.

 

Del transcurso del cónclave solo podrá saberse por las fumatas: Negra si no hay acuerdo y blanca para anunciar al mundo que hay nuevo Pontífice. En esta ocasión, como novedad, habrá dos estufas, una que se usará para quemar las papeletas y otra en la que se hará la fumata, para evitar así equívocos en cuanto a su color.

 

 

 ¿QUÉ TIPO DE PAPA?

 

En estos días muchos intentan adivinar quién será el nuevo pontífice. Melloni no entra en quinielas pero señala que lo fundamental "es el retrato que del papa se hagan los cardenales" antes del inicio de la votaciones.

 

En su opinión, "está claro que todo este aparente rigor puritano que surge en estos días tiene una intención muy clara de carácter conservador y por lo tanto da la idea de que es necesario un papa "sheriff", con más poder para castigar los excesos del poder. Pero la alternativa, como siempre en la iglesia, es un papa pastor que con más pobreza y más sentido evangélico detenga esta deriva del poder que piensa solo en sí mismo".

 

Además de la incógnita sobre el nombre del futuro papa, otra es su edad. ¿Se decantarán los cardenales por un papa joven? Melloni consideró que "este es un aspecto menos relevante" pues una vez que se "ha roto el tabú de la dimisión, incluso un papa no muy joven" podría asumir  el papado durante el tiempo que esté bien y después renunciar.

 

"Lo importante es tener un papa pastor que sea capaz de ocuparse no solo de la fuerza de la iglesia sino de la belleza de la iglesia. Hoy se dice que la iglesia es débil y debe convertirse en fuerte pero la realidad es que la iglesia hoy es fea y debe convertirse en bella".

 

Carmen Rodríguez.

 

 

 

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