Interés humano

Los buenos hábitos medioambientales nos salen a cuenta

Por la OCU

 

Parece irrebatible que hoy sentimos más interés que hace unos años por adoptar formas de vida más sostenibles. ¿Pero cómo se refleja eso en nuestro discurrir diario?

 

Para tener una visión más clara del modo en que actuamos, hemos preguntado a los españoles sobre sus conductas cotidianas en distintos ámbitos, como el consumo de agua o la separación de sus residuos.

 

Y los resultados no nos ponen en evidencia respecto al resto de los países objeto de estudio, pero también nos enseñan que hay bastante margen de progreso.

 

El estudio

 

Entre febrero y abril de 2012 llevamos a cabo un estudio, a través de una consulta entre 958 hogares. La misma encuesta se realizó también en Bélgica, Italia y Portugal. Además se realizó una muestra complementaria entre 974 socios de la OCU. 

 

Muchas cosas que hacer mejor  

 

Y eso que en algunos campos parecemos bien encaminados. Aunque todavía el 15% de los encuestados nunca o rara vez cierre el grifo mientras friega los platos o solo el 56% lo haga siempre o con frecuencia cuando se ducha, somos el país del estudio más cuidadoso  con el cuidado de los recursos hídricos.

 

También estamos a la cabeza en el esfuerzo por ahorrar energía, por más que en verano un 15% todavía no se plantee bajar el aire acondicionado de los 25º C o que el 28%  no piense en un mejor aislamiento de ventanas como solución para preservar mejor el calor en invierno.

 

Nuestros hábitos de movilidad, en cambio, dejan más que desear. No es solo que  comodidad sea la consideración principal a la hora de elegir el transporte- el confort no tendría que estar reñido con la sostenibilidad- sino que apenas el 10% tiene en cuenta el impacto ambiental del medio que escoge.

 

Además el 36% emplea el coche a diario y, cuando se compra uno, lo que más le preocupa son los aspectos financieros. Los medioambientales solo al 18%. Con todo eso, el 26% se ha planteado adquirir (o tiene ya) un coche híbrido y el 21% uno eléctrico, mientras que el 64% dispone o tiene intención de disponer de un coche con consumo reducido.

 

Tampoco habla en nuestro favor que para el 19% sea inusual adquirir frutas de producción local, que el 20% no opte preferentemente por las propias de la temporada o que un 10% tire comida que todavía podría consumirse.

 

Aunque en el reciclaje de basuras nos queda más camino por recorrer: un 28% nunca o casi nunca tiene en cuenta si los productos que compra se pueden reciclar y el 36% no presta ninguna atención a que el embalaje sea el mínimo posible.

 

En este sentido, es muy interesante comparar los datos con los países de nuestro entorno: en Bélgica el 92% de la población reconoce separar los residuos; en Italia lo hace el 90% y en Portugal el 78%, frente al 74% de la población española.

 

 Eliminar barreras para pagar menos

 

Pese a esas lagunas, la mayoría de la población describe sus hábitos medioambientales como correctos. Y es que para el 67% es “muy importante” que lo sean. Una conciencia que, no obstante, no siempre se traduce en hechos: de esos dos tercios de españoles tan concienciados, el 26% no mantiene  en realidad comportamientos buenos en su día a día.

 

¿Qué motiva este desfase? La falta de información para actuar mejor es una de las razones más aducidas. Desconocer qué medidas agua es un obstáculo para el 41% de los encuestados, mientras que el 36% dice no saber cómo ahorrar más energía.

 

En este último caso, sin embargo, es superado por el 45% que declara que los principales medios para recortar el gasto energético son “demasiado caros”, algo que también es decisivo para el 64% de quienes no compran productos ecológicos.

 

El bolsillo (el coste de distintos tipos de bolsas…) es así mismo el pretexto favorito para el 43% de los que no separan las basuras, aunque en este caso la comodidad (tener los contenedores y puntos de reciclaje demasiado lejos de casa, el espacio que ocupa tener distintos cubos) resulte un obstáculo de igual o mayor envergadura.

 

Pero si bien es cierto que los equipamientos con menor impacto ambiental, como los electrodomésticos de clase A superior, suelen ser más caros, una razón tan consistente como la que más para corregir nuestros usos es la económica.

 

Nuestros cálculos ponen en evidencia que el consumidor más limpio es también el que menos paga. Hasta un 48% menos en la factura del agua, por ejemplo.

 

 Falla pedagógica municipal

 

Sin la implicación de las autoridades, el esfuerzo ciudadano está condenado al fracaso. Por este motivo hemos preguntado  también acerca de la satisfacción con las infraestructuras medioambientales de 16 ciudades.

 

En general la recogida de basuras y  la accesibilidad de contenedores son los aspectos mejor valorados mientras que la falta de información (a través de web, teléfonos de información, etc.) para fomentar comportamientos ecológicos  aparece de nuevo como uno de los obstáculos más citados.

 

También hay notables porcentajes de descontentos con la ausencia de carriles-bici, de zonas peatonales o de servicios de recogida de grandes electrodomésticos. Por ciudades, Gijón y Bilbao destacan y se sitúan al borde del notable en la evaluación de sus vecinos, mientras que por la parte baja de la tabla Madrid y Valencia aprueban por poco y Vigo suspende.

 

 

 

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