‘Couchsurfing’, el Airbnb de habitaciones con el que podrás alojarte gratis en casa de otros

Conocer el país que se visita y sus costumbres de un modo mucho más genuino y mucho más humano es una de las señas de distinción de esta de esta práctica que va mucho más allá del simple hecho de viajar gratis

por Elena Villegas /


Miles de personas en todo el mundo practican el ‘couchsurfing’, que consiste en alojarse en el sofá o en una segunda habitación de quienes ofrecen sus casas de manera gratuita a viajeros que vayan a pasar unos días en su ciudad de residencia. Se reserva de forma similar a como se hace con un apartamento de Airbnb y es completamente seguro.

Couchsurfing

El anfitrión Rafeal Nussbaum posa junto a sus huéspedes en su apartamento en la ciudad suiza de Bern (Cordon Press)

David García, periodista y viajero empedernido que ha probado este tipo de alojamiento en varias ocasiones, lo recomienda al cien por cien. Asegura que, "si lo que quieres es conocer un país o una cultura de un modo mucho más genuino y mucho más directo, 'couchsurfing' es perfecto para ello". Advierte, eso sí, de que si lo haces "con el único objetivo de ahorrarte dinero, es un error muy grande porque lo que te ofrece es una experiencia más cultural y más humana en otro país". Si solo se busca la gratuidad, dice, “no lo vas a pasar bien, no lo vas a disfrutar”.

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El anfitrión se suele encargar de enseñar a los huéspedes lo que no aparece en las guías de viaje de su ciudad, de presentarles a otras personas, de llevarlos a comer… Es un intercambio cultural entre quienes ofrecen su casa y quienes se alojan en ella; es, sobre todo, una experiencia y una posibilidad única de conocer a gente de otros países.

Por ejemplo, David cuenta a ‘Tu Otro Diario’ que, durante su visita a Cerdeña, su anfitrión le llevó a recorrer la isla en moto, por lo que vio mucho más de una manera única. 

Nada tiene que ver, por tanto, con el alojamiento en un hotel, donde "entras y sales de un modo que en 'couchsurfing' no puedes hacer porque tienes que llegar a un acuerdo con el anfitrión que te recibe". Por eso, David recuerda que "es importante, antes de ir a casa de alguien, hablar” con esa persona y explicarle qué es lo que te gustaría hacer durante tu estancia.

Tanto el anfitrión como el huésped deben registrarse en la web de ‘couchsurfing’ y abrirse un perfil -conectado con Facebook- en el que los usuarios con los que ha convivido exponen sus opiniones sobre él. De ahí que sea imprescindible revisar muy bien esos perfiles no solo para evitar problemas, sino también para encontrar aficiones y puntos en común para que la vivencia sea mucho más satisfactoria.

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En esta filosofía de viajar no hay límites de edad ni de ningún otro tipo. Los anfitriones pueden ser jóvenes con ganas de hacer amistades en otros países o familias que dispuestas a acoger a otros en su hogar. Lo mismo ocurre con los invitados; pueden ser viajeros solitarios, un grupo de amigos (normalmente no muy amplio) o parejas que deben tener, eso sí, muchas ganas de conocer los habitantes del lugar al que van.

El origen del ‘couchsurfing’ se remonta a 1999, año en el que Casey Fenton viajó desde Boston, su ciudad natal, a Islandia, donde no le apetecía nada dormir en un hotel. Fenton, que era programador informático, hackeó una base de datos de la Universidad de Islandia y envió más de 1.500 e-mails en los que pedía un sofá para alojarse durante unos días. De esos 1.500 correos electrónicos, le respondieron afirmativamente más de 50 personas. 

Hizo el viaje, se alojó en la casa de alguien que contestó a su correo electrónico y, a la vuelta a Boston, decidió poner en marcha una web en la que poner en contacto a quienes buscan alojamiento con aquellos que están dispuestos a ofrecerlo.

Los primeros en hacer uso del ‘couchsurfing’ fueron los surferos. Amantes del surf ofrecían su sofá a través de la web de Fenton a quienes recorrían el mundo buscando las mejores olas. Les unía, por tanto, una afición, por lo que los anfitriones lo eran en todos los sentidos. Llevaban a sus invitados a las mejores zonas para surfear y les mostraban lo más destacado de su ciudad.

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De ahí evolucionó a todo tipo de viajeros y de anfitriones, pero siempre con el mismo espíritu de hospitalidad y de cooperación entre ambos. Una manera diferente de conocer gente y de viajar que permite al visitante adentrarse en las costumbres y en la vida del país de modo mucho más real, que nada tiene que ver con las experiencias de un turista al uso.

Lo recomendable es buscar alguna afición o punto en común entre huésped y anfitrión, pero es básico que hablen el mismo idioma. El resto, viene dado.

 

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